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¿1200 palabras máximo? no soy capaz de escribir tanto, así que no es un problema. Pero hablemos de mí: me considero bastante normal, me gusta salir con mis amigos, el helado de menta y los musicales. Soy de las que se comen el coco por las cosas mas tontas y también bastante cortada. Me gusta escribir, dibujar, y siempre estoy disponible para hacer el tonto un rato. Que más os voy a decir, la chica mas normal que te puedas encontrar; que tiene muchas ganas de hacer un buen blog. ¡Pasen y vean!

viernes, 1 de abril de 2011

CAPITULO 3: OPORTUNIDADES

La musica estaba alta. Decibelios posiblemente excesivos retumbaban en sus oidos, haciendo que su corazon latiera al ritmo de la cancion mas escuchada del momento. Mandy intentaba abrirse paso entre la multitud que bailaba, bueno, tal vez bailar no fuese el verbo adecuado. La mayoria de los jovenes que alli se encontraban daban pequeños botes sobre sus pies, muchos de ellos calzados con tacones demasiado altos. Buscar por alli alguien conocido estaba resultando una tarea casi imposible.


   Un chico se acercó a ella, le costo reconocerlo. Se lo habian presentado al principio de la noche. Tenia el pelo negro y corto, los ojos oscuros. Era bastante guapo, y le habia parecido simpatico. Cuando llego hasta ella se saludaron con dos besos apresurados en la mejilla, cómo se hace en estos casos. Él la invito a salir fuera y Mandy acepto, no recordaba su nombre, pero tampoco se atrevia a preguntarselo.


· · ·


   La temperatura fuera era calida y la brisa agradable. Mandy llevaba un rato observando la forma en la que las olas rompian en la orilla. El chico la miraba, en silencio. No era un silencio incomodo, más bien relajante. Aun no se habia atrevido a preguntarle su nombre, supuso que lo descubriria más adelante, se lo preguntaria a alguien. Habian hablado mucho, de sus vidas, sus pasados, sus planes para el futuro, que ninguno tenia demasiado claros. Él habia salido con muchísimas chicas, algo que hizo que Mandy se avergonzara. Por suerte él no le habia pregntado. Tal vez no le interesaba, o daba por hecho que su vida amorosa era completamente nula. La cuestion era que no pregunto, y Mandy lo agradecio.


   Él habia puesto su mano sobre la de ella, y se acercaba lentamente. A Mandy se le aceleró el corazon cuando se dio cuenta de sus intenciones. Iba a besarla. En una milesima de segundo, miles de pensamientos cruzaron su mente. Pensamientos que se contradecian, como pequeñas batallas en su interior. Algunos de ellos mostraban emocion, por todo el tiempo que llevaba esperando aquel momento. Otros de preocupacion, ¿Que pensaria él? No tenia la más minima idea de lo que tenia que hacer, iba a pensar que era imbecil. Eran sensaciones normales para la situacion, pero de pronto otro completamente diferente invadio su mente, haciendole olvidar todo lo demás. ¿Por que él? Lo habia conocido esa noche, no lo conocia, ni siquiera le atraia. ¿De verdad queria que él fuera el primero? Ni siquiera sabia su nombre, al fin y al cabo. Penso que eso daba igual, que no podia ser para tanto, y que asi ya sabria que hacer para cuando estuviera con alguien que realmente le gustaba.


No le llevo mas de tres segundos analizar todo aquello. Pero para cuando se dio cuenta, los labios de él estaban a milimetros de los suyos. Esas últimas milesimas de segundo fueron las más largas de su vida, y justo en el momento en que sintio el aliento de aquel chico contra el suyo, un grito los sobresaltó y estropeó el que habia sido hasta entonces el momento más romantico de su vida.


- ¡Maaaaaaandy! - una oleada de ira sacudio el cuerpo de Mandy. Era Abby. ¿Por que ella? Odiaba enfadarse con ella, la hacia sentirse realmente mal, pero aquello no tenia perdon. Ya podia tener ua buena razon para aquello.


Se levantó sacudiendose el vestido y corrió hacia su amiga. A pesar de la oscuridad, no pudo evitar fijarse en que tenia las mejillas sonrosadas, y los labios totalmente negros. Ya habia vuelto a pasarse con el Vodka. Estaba a punto de decirle algo cuando alguien llego corriendo hacia ellas. Le costo recobrar el aliento, lo que hizo suponer a Mandy que se habia pegado un buen spring. Se puso recta y se hecho su larga melena castaña hacia atras, jadeante. Pobre Dani, siempre le tocaba cargar con todos los marrones. Era otra de sus mejores amigas, la tercera. Jamás se separaban, de no ser por el hecho de que Dani viajaba mucho. Era Italiana, y solia pasar mucho tiempo alli con su familia. Pero se juntaban las tres siempre que podian, eran como un pack. 
- ¿Que ha pasado, Dani? - pregunto Mandy, aunque conocia perfectamente la respuesta.
   Dani le mostro una botella de vodka casi vacia que sostenia en la mano.
- A palo seco. - fue lo unico que dijo - la he perdido de vista un rato y cuando he vuelto se la he arrancado de las manos, pero estaba casi vacia.
- ¡Joder Abby, ya sabes que no puedes beber! - le grito Mandy, con los ojos llorosos de rabia. Su amiga andaba sensiblel de salud, tenia una enfermedad rara que aun no habian conseguido identificar, y le habian ordenado cuidarse muchisimo para evitar cualquier problema. Y alli estaba ella, pasando de todo aquello, de su salud, de su vida, como si le importara una mierda. Y ellas con todo el marron. Otra vez.


Mandy miro el cielo, ya casi era de dia.
- Anda llevemosla a casa, al menos nos pilla cerca. - le dijo a Dani.


Esta asintió, y juntas emprendieron el camino a casa de Abby. Hicieron el trayecto en silencio. Cuando llegaron a su casa, le sacaron las llaves del bolso y subieron. Por suerte no habia nadie, la tumbaron en la cama, le escribieron una nota explicandole todo - ya que no esperaban que recordara nada - y salieron de alli. Se sentaron en una plaza que habia cerca.


- Mandy, ¿Estas bien? - Dani rompio el silencio de pronto.
- Sí, ¿Por que?
- Estas llorando. - Mandy se seco una lagrima, ni siquiera se habia dado cuenta - ¿Es por ese chico? Os vi cuando corria tras Abby.
- No, es más la rabia por lo de Abby, es que no se preocupa ni por ella misma, yo ya no se lo que hacer.
- Ya... Y te ha arruinado la noche, ¿No? Te lias por primera vez y te...
- No nos hemos liado, - le corto Mandy, sus palabras sonaban afiladas como un cuchillo - estabamos a punto cuando Abby ha gritado... Pero no ha pasado nada.
- Lo siento.
- Supongo que tampoco importa, si siquiera se como se llama. 
   Sorió con sinceridad, porque, a pesar de la rebia que sintio en un principio, no le importaba lo más minimo. Y como solia decir Dani, ya vendrian más.


jueves, 31 de marzo de 2011

CAPITULO 2: ÚLTIMOS ARREGLOS

Abrió los ojos y le costo lo suyo acostumbrarse a la luz de la mañana, algo que le extraño, ya que siempre dormía con todo cerrado en la mas absoluta oscuridad. En cuanto pudo ver con normalidad, Mandy  encontró el origen del problema, un pequeño problema llamado Hayley, de 13 años, que pensaba que el hecho de que el chico guapo su curso se fijara en ella era el mayor problema que podía tener una chica.


Y exactamente esa preocupación era la que, habitualmente, la hacia acudir a su hermana mayor para pedir consejo, convencida de que ella sabia mucho del amor. Y aunque no podía estar más equivocada, le gustaba tener una opinión casi adulta, en su opinión.


- Anda, Mandy, dame el vestido blanco, rápido - dijo su hermana, impaciente.
- ¿Y se puede saber para que quieres tu ese vestido, pequeño monstruo? - contesto Mandy incorporándose.
- Para la fiesta, si quiero conseguir algo con Aaron algún día, tengo que estar sexy - dijo con una sonrisa
- ¿Sexy?¿Pero tu de que vas, Hayley?¡Tienes 13 años!No tienes ni curvas, ni pecho suficiente para ponerte ese vestido, y aunque los tuvieras, tampoco te lo dejaría, ¡parecerias un zorrón barato!
- Anda, no te pongas sobreprotectora ahora, que estamos en el siglo XXI, ¡y deja de intentar ocupar el lugar de mama, porque lo haces de pena! 


De haber estado de pie, Mandy se habría derrumbado ante esa respuesta. Su madre había muerto 6 meses atrás, y aun no lo habían superado. Casi nunca hablaban de ella, y les era muy duro ver como su padre intentaba mantener en pie la familia sin ayuda de nadie. Sobre todo al tener dos hijas de 13 y 16 años, que ya tenían vidas muy complicadas sin contar con la muerte de su madre. James tenia muchos problemas para hablar con ellas, pero agradecía de corazón el intento que hacían para que todo fuese mas fácil.


A pesar de todo, el comentario de Hayley había estado totalmente fuera de lugar, e hizo que una lágrima cayera por la mejilla de su hermana mayor, que estaba muy sensible ultimamente.


Al observar el daño que había hecho, Hayley se sentó junto a su hermana y le paso un brazo por los hombros.


- Lo siento Mandy, me he pasado. - Su tono ahora era mucho mas suave, era consciente de que la había cagado. - Pero es que estoy muy nerviosa por esta noche, y digo cosas sin pensar. Mira, cojeré otro vestido, ponte tu el blanco, que seguro que estas guapísima.


Mandy le sonrió para darle a entender que estaba perdonada, tenia un nudo demasiado grande en la garganta para poder articular ninguna palabra.


- Y levantate de una vez que son las tres de la tarde y no creo que quieras ir con esa cara de drogada - dicho esto, salio de la habitación, dejando sola a su hermana, sentada sobre la cama.


                                            ·    ·     ·


Se termino de poner bien el vestido que horas antes su hermana había intentado quitarle. Era precioso, blanco. Terminaba en la mitad del muslo, y tenia un escote demasiado atrevido para su hermana de 13 años, pero no para ella.


Mandy observo su reflejo en el espejo, maravillada. De las pocas veces que había alternado su look de vaqueros y sudadera, nunca se había visto tan bien. Tenia realmente un buen cuerpo, pero había que ser adivino para saberlo, dado que su ropa no solía ser especialmente ceñida.


El pelo y el maquillaje le dieron trabajo, pero obtuvo buenos resultados. Una larga trenza adornada con un lazo de color del vestido; acompañados de una diadema y algunos mechones de pelo que le caían rizados sobre los hombros. Un maquillaje bastante natural, que resaltaba mucho sus ojos grises y los hacia aun mas profundos.




La gala de aquella noche realmente prometía, era la primera noche de fiestas, y todos los años se celebraba una fiesta a la que se poda asistir a los 16. Estaban todos emocionados, pretendían que su primera gala fuese perfecta. Algunos estaban en lo cierto, pero otros no sabían hasta que punto estaban equivocados.


Mandy se miro al espejo por ultima vez, cogió el pequeño bolso que su prima le había regalado y salio de la habitación, su gran noche estaba a punto de empezar.


Tuvo serios problemas para bajar las escaleras, no había contado con que aquellos tacones de 10 centímetros le crearan dificultades, pero se la arreglo tal y como pudo. Cuando llego al salón, su hermana se encontraba allí, con un simple vestido rosa y bastante menos arreglada que Mandy. La miro con envidia, aunque la fiesta de cumpleaños a la que ella acudía le parecía una maravilla por el simple hecho de acabar a las diez de la noche.


Se oyó el sonido del timbre de la puerta, Mandy respiro hondo, se arreglo un poco el vestido y tras mirarse por ultima vez, se dirigió a la puerta, sintiéndose de pronto increíblemente adulta. Aquella era la primera vez que salia para no volver hasta el domingo por la mañana, se sentía verdaderamente bien. 


Aquel era el comienzo de una noche interminable.

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miércoles, 30 de marzo de 2011

CAPITULO 1: FRENTE A LA HOGUERA

Rojo. Naranja. Amarillo. Naranja. Rojo. Diferentes colores se reflejaban continuamente en sus pupilas, en diferentes tonalidades. Los miraba como hipnotizada, sin poder apartar la vista de las llamas frente a las que estaba sentada. Una fogata como otra cualquiera. Un grupo de amigos que se había ido de acampada. En un principio parecía que sería la noche perfecta, sin padres, sin normas, sin horas a las que llegar a casa.

Pero una vez allí, resulto ser un autentico coñazo. Su aburrimiento se debía, según Joey, a que no quería emborracharse; según Steph, la niña pija que siempre había estado en su grupo pero nunca le había llegado a caer bien, a que no había ido buscando sexo. A veces se preguntaba porque no aguantaba a Steph, al fin y al cabo, la chica siempre había intentado entablar conversación y llevarse bien con ella, no había razón para no aguantarla; pero entonces Steph hacia ese tipo de comentarios, sobre con cuantos chicos se había acostado en el último tiempo, y volvía a prometerse a sí misma que jamás se volvería a hacer esa pregunta. La eterna promesa que siempre rompía.

- ¡Mandy!¡Mandy!¡No te lo vas a creer! - la voz emocionada de Abby hizo que Mandy apartara la vista de la hoguera. Su amiga corría hacia donde ella se encontraba, se sentó a su lado sonriendo de oreja a oreja. - Adivina lo que me ha pasado.
- Mmmm...¿Te ha tocado la lotería?
- No.
- ¿Has empujado a Steph por un barranco y ha caído clavándose una rama en el pecho?
- ¡NO! ¡Mejor!
- Pues no habría estado mal... A ver, sorpréndeme, ¿Que ha pasado pues, mejor que tirar a esa zorra por un barranco?
- Es Alex...¡Me ha besado! - dijo casi a gritos, parecía emocionadísima.
- ¡No me lo puedo creer! - grito Mandy, y ambas empezaron a gritar como dos niñas a las que les han regalado una muñeca nueva.

Abby era su mejor amiga, se conocían desde la guardería, y siempre lo habían compartido todo. Desde las muñecas cuando eran pequeñas, la ropa y los secretos en aquel momento, a los 16. Abby también le había dado todos los detalles de su primer beso, unos meses atrás, con un chico con el que salía entonces. Se lo había contado tantas veces y con tantos detalles que para Mandy era como si hubiese sido su primer beso, pero no lo era. En realidad, Mandy nunca había besado a nadie, llevaba años esperando en mágico momento que tantas veces había visto en las películas. Pero la hora de su estreno no parecía llegar nunca, era cierto que ella nunca lo había buscado con demasiado empeño, pero tampoco ningún chico parecía interesarse nunca por ella. Eso era lo que más le dolía, no se consideraba ninguna belleza extraordinaria, pero tampoco era fea. Era alta y delgada, el pelo rubio, y unos ojos grandes, grises y profundos, rodeados por largas y oscuras pestañas.

- ¿ Mandy?¿Me estas escuchando? - Abby le miraba fijamente, con la frente arrugada, como  molesta por la falta de atención de su amiga.
- Eeeh...¡Si!¡Es genial, Abby! En serio, es solo que me he puesto a pensar y...bueno, parece que nunca va a llegar el día en que me toque a mi...- dijo Mandy con tristeza, y apoyo la cabeza en el hombro de su amiga.
- Baaah...no te preocupes por eso, lo que pasa es que te mereces algo mejor que esta panda de niñatos - sonrió y señalo al grupo que estaba frente a ellas, la mitad de ellos ofreciéndole botellas a algún árbol, mas borrachos que una cuba.
- ¿Se considera a Alex parte de esa panda de niñatos? - bromeó Mandy, en un intento por alegrar la conversación.
- Alex es la perfección en persona, que les guía para que no acaben realmente mal - tenia la mirada clavada en él, Mandy siempre había pensado que era guapo, su pelo rubio y sus ojos azules eran dignos de una revista de moda; pero en cuanto a personalidad... A Mandy no le gustaba, era el típico chico romántico que intentaba dejarte embobada con cada cosa que decía, y a Mandy eso no le iba nada. Pero a Abby la tenia completamente loca, llevaba colada por él desde los 14 años, y por fin había conseguido algo con el.

- Bueno, dime, ¿cómo ha sido? ¿Delante de todos?¿A solas?¿Te ha dicho algo, o simplemente se ha lanzado?¡Cuéntamelo TODO! - Mandy la agarro de un brazo, ansiosa.

Y así estuvieron toda la noche, sentadas junto a la hoguera, riendo, y pasándolo bien. Ambas sabían que ellas no necesitaban hogueras, acampadas, litros y montones de gente para pasarlo bien. Les bastaba con estar juntas, en cualquier lugar o situación; como había sido siempre.