Rojo. Naranja. Amarillo. Naranja. Rojo. Diferentes colores se reflejaban continuamente en sus pupilas, en diferentes tonalidades. Los miraba como hipnotizada, sin poder apartar la vista de las llamas frente a las que estaba sentada. Una fogata como otra cualquiera. Un grupo de amigos que se había ido de acampada. En un principio parecía que sería la noche perfecta, sin padres, sin normas, sin horas a las que llegar a casa.
Pero una vez allí, resulto ser un autentico coñazo. Su aburrimiento se debía, según Joey, a que no quería emborracharse; según Steph, la niña pija que siempre había estado en su grupo pero nunca le había llegado a caer bien, a que no había ido buscando sexo. A veces se preguntaba porque no aguantaba a Steph, al fin y al cabo, la chica siempre había intentado entablar conversación y llevarse bien con ella, no había razón para no aguantarla; pero entonces Steph hacia ese tipo de comentarios, sobre con cuantos chicos se había acostado en el último tiempo, y volvía a prometerse a sí misma que jamás se volvería a hacer esa pregunta. La eterna promesa que siempre rompía.
- ¡Mandy!¡Mandy!¡No te lo vas a creer! - la voz emocionada de Abby hizo que Mandy apartara la vista de la hoguera. Su amiga corría hacia donde ella se encontraba, se sentó a su lado sonriendo de oreja a oreja. - Adivina lo que me ha pasado.
- Mmmm...¿Te ha tocado la lotería?
- No.
- ¿Has empujado a Steph por un barranco y ha caído clavándose una rama en el pecho?
- ¡NO! ¡Mejor!
- Pues no habría estado mal... A ver, sorpréndeme, ¿Que ha pasado pues, mejor que tirar a esa zorra por un barranco?
- Es Alex...¡Me ha besado! - dijo casi a gritos, parecía emocionadísima.
- ¡No me lo puedo creer! - grito Mandy, y ambas empezaron a gritar como dos niñas a las que les han regalado una muñeca nueva.
Abby era su mejor amiga, se conocían desde la guardería, y siempre lo habían compartido todo. Desde las muñecas cuando eran pequeñas, la ropa y los secretos en aquel momento, a los 16. Abby también le había dado todos los detalles de su primer beso, unos meses atrás, con un chico con el que salía entonces. Se lo había contado tantas veces y con tantos detalles que para Mandy era como si hubiese sido su primer beso, pero no lo era. En realidad, Mandy nunca había besado a nadie, llevaba años esperando en mágico momento que tantas veces había visto en las películas. Pero la hora de su estreno no parecía llegar nunca, era cierto que ella nunca lo había buscado con demasiado empeño, pero tampoco ningún chico parecía interesarse nunca por ella. Eso era lo que más le dolía, no se consideraba ninguna belleza extraordinaria, pero tampoco era fea. Era alta y delgada, el pelo rubio, y unos ojos grandes, grises y profundos, rodeados por largas y oscuras pestañas.
- ¿ Mandy?¿Me estas escuchando? - Abby le miraba fijamente, con la frente arrugada, como molesta por la falta de atención de su amiga.
- Eeeh...¡Si!¡Es genial, Abby! En serio, es solo que me he puesto a pensar y...bueno, parece que nunca va a llegar el día en que me toque a mi...- dijo Mandy con tristeza, y apoyo la cabeza en el hombro de su amiga.
- Baaah...no te preocupes por eso, lo que pasa es que te mereces algo mejor que esta panda de niñatos - sonrió y señalo al grupo que estaba frente a ellas, la mitad de ellos ofreciéndole botellas a algún árbol, mas borrachos que una cuba.
- ¿Se considera a Alex parte de esa panda de niñatos? - bromeó Mandy, en un intento por alegrar la conversación.
- Alex es la perfección en persona, que les guía para que no acaben realmente mal - tenia la mirada clavada en él, Mandy siempre había pensado que era guapo, su pelo rubio y sus ojos azules eran dignos de una revista de moda; pero en cuanto a personalidad... A Mandy no le gustaba, era el típico chico romántico que intentaba dejarte embobada con cada cosa que decía, y a Mandy eso no le iba nada. Pero a Abby la tenia completamente loca, llevaba colada por él desde los 14 años, y por fin había conseguido algo con el.
- Bueno, dime, ¿cómo ha sido? ¿Delante de todos?¿A solas?¿Te ha dicho algo, o simplemente se ha lanzado?¡Cuéntamelo TODO! - Mandy la agarro de un brazo, ansiosa.
Y así estuvieron toda la noche, sentadas junto a la hoguera, riendo, y pasándolo bien. Ambas sabían que ellas no necesitaban hogueras, acampadas, litros y montones de gente para pasarlo bien. Les bastaba con estar juntas, en cualquier lugar o situación; como había sido siempre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario