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¿1200 palabras máximo? no soy capaz de escribir tanto, así que no es un problema. Pero hablemos de mí: me considero bastante normal, me gusta salir con mis amigos, el helado de menta y los musicales. Soy de las que se comen el coco por las cosas mas tontas y también bastante cortada. Me gusta escribir, dibujar, y siempre estoy disponible para hacer el tonto un rato. Que más os voy a decir, la chica mas normal que te puedas encontrar; que tiene muchas ganas de hacer un buen blog. ¡Pasen y vean!

jueves, 31 de marzo de 2011

CAPITULO 2: ÚLTIMOS ARREGLOS

Abrió los ojos y le costo lo suyo acostumbrarse a la luz de la mañana, algo que le extraño, ya que siempre dormía con todo cerrado en la mas absoluta oscuridad. En cuanto pudo ver con normalidad, Mandy  encontró el origen del problema, un pequeño problema llamado Hayley, de 13 años, que pensaba que el hecho de que el chico guapo su curso se fijara en ella era el mayor problema que podía tener una chica.


Y exactamente esa preocupación era la que, habitualmente, la hacia acudir a su hermana mayor para pedir consejo, convencida de que ella sabia mucho del amor. Y aunque no podía estar más equivocada, le gustaba tener una opinión casi adulta, en su opinión.


- Anda, Mandy, dame el vestido blanco, rápido - dijo su hermana, impaciente.
- ¿Y se puede saber para que quieres tu ese vestido, pequeño monstruo? - contesto Mandy incorporándose.
- Para la fiesta, si quiero conseguir algo con Aaron algún día, tengo que estar sexy - dijo con una sonrisa
- ¿Sexy?¿Pero tu de que vas, Hayley?¡Tienes 13 años!No tienes ni curvas, ni pecho suficiente para ponerte ese vestido, y aunque los tuvieras, tampoco te lo dejaría, ¡parecerias un zorrón barato!
- Anda, no te pongas sobreprotectora ahora, que estamos en el siglo XXI, ¡y deja de intentar ocupar el lugar de mama, porque lo haces de pena! 


De haber estado de pie, Mandy se habría derrumbado ante esa respuesta. Su madre había muerto 6 meses atrás, y aun no lo habían superado. Casi nunca hablaban de ella, y les era muy duro ver como su padre intentaba mantener en pie la familia sin ayuda de nadie. Sobre todo al tener dos hijas de 13 y 16 años, que ya tenían vidas muy complicadas sin contar con la muerte de su madre. James tenia muchos problemas para hablar con ellas, pero agradecía de corazón el intento que hacían para que todo fuese mas fácil.


A pesar de todo, el comentario de Hayley había estado totalmente fuera de lugar, e hizo que una lágrima cayera por la mejilla de su hermana mayor, que estaba muy sensible ultimamente.


Al observar el daño que había hecho, Hayley se sentó junto a su hermana y le paso un brazo por los hombros.


- Lo siento Mandy, me he pasado. - Su tono ahora era mucho mas suave, era consciente de que la había cagado. - Pero es que estoy muy nerviosa por esta noche, y digo cosas sin pensar. Mira, cojeré otro vestido, ponte tu el blanco, que seguro que estas guapísima.


Mandy le sonrió para darle a entender que estaba perdonada, tenia un nudo demasiado grande en la garganta para poder articular ninguna palabra.


- Y levantate de una vez que son las tres de la tarde y no creo que quieras ir con esa cara de drogada - dicho esto, salio de la habitación, dejando sola a su hermana, sentada sobre la cama.


                                            ·    ·     ·


Se termino de poner bien el vestido que horas antes su hermana había intentado quitarle. Era precioso, blanco. Terminaba en la mitad del muslo, y tenia un escote demasiado atrevido para su hermana de 13 años, pero no para ella.


Mandy observo su reflejo en el espejo, maravillada. De las pocas veces que había alternado su look de vaqueros y sudadera, nunca se había visto tan bien. Tenia realmente un buen cuerpo, pero había que ser adivino para saberlo, dado que su ropa no solía ser especialmente ceñida.


El pelo y el maquillaje le dieron trabajo, pero obtuvo buenos resultados. Una larga trenza adornada con un lazo de color del vestido; acompañados de una diadema y algunos mechones de pelo que le caían rizados sobre los hombros. Un maquillaje bastante natural, que resaltaba mucho sus ojos grises y los hacia aun mas profundos.




La gala de aquella noche realmente prometía, era la primera noche de fiestas, y todos los años se celebraba una fiesta a la que se poda asistir a los 16. Estaban todos emocionados, pretendían que su primera gala fuese perfecta. Algunos estaban en lo cierto, pero otros no sabían hasta que punto estaban equivocados.


Mandy se miro al espejo por ultima vez, cogió el pequeño bolso que su prima le había regalado y salio de la habitación, su gran noche estaba a punto de empezar.


Tuvo serios problemas para bajar las escaleras, no había contado con que aquellos tacones de 10 centímetros le crearan dificultades, pero se la arreglo tal y como pudo. Cuando llego al salón, su hermana se encontraba allí, con un simple vestido rosa y bastante menos arreglada que Mandy. La miro con envidia, aunque la fiesta de cumpleaños a la que ella acudía le parecía una maravilla por el simple hecho de acabar a las diez de la noche.


Se oyó el sonido del timbre de la puerta, Mandy respiro hondo, se arreglo un poco el vestido y tras mirarse por ultima vez, se dirigió a la puerta, sintiéndose de pronto increíblemente adulta. Aquella era la primera vez que salia para no volver hasta el domingo por la mañana, se sentía verdaderamente bien. 


Aquel era el comienzo de una noche interminable.

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miércoles, 30 de marzo de 2011

CAPITULO 1: FRENTE A LA HOGUERA

Rojo. Naranja. Amarillo. Naranja. Rojo. Diferentes colores se reflejaban continuamente en sus pupilas, en diferentes tonalidades. Los miraba como hipnotizada, sin poder apartar la vista de las llamas frente a las que estaba sentada. Una fogata como otra cualquiera. Un grupo de amigos que se había ido de acampada. En un principio parecía que sería la noche perfecta, sin padres, sin normas, sin horas a las que llegar a casa.

Pero una vez allí, resulto ser un autentico coñazo. Su aburrimiento se debía, según Joey, a que no quería emborracharse; según Steph, la niña pija que siempre había estado en su grupo pero nunca le había llegado a caer bien, a que no había ido buscando sexo. A veces se preguntaba porque no aguantaba a Steph, al fin y al cabo, la chica siempre había intentado entablar conversación y llevarse bien con ella, no había razón para no aguantarla; pero entonces Steph hacia ese tipo de comentarios, sobre con cuantos chicos se había acostado en el último tiempo, y volvía a prometerse a sí misma que jamás se volvería a hacer esa pregunta. La eterna promesa que siempre rompía.

- ¡Mandy!¡Mandy!¡No te lo vas a creer! - la voz emocionada de Abby hizo que Mandy apartara la vista de la hoguera. Su amiga corría hacia donde ella se encontraba, se sentó a su lado sonriendo de oreja a oreja. - Adivina lo que me ha pasado.
- Mmmm...¿Te ha tocado la lotería?
- No.
- ¿Has empujado a Steph por un barranco y ha caído clavándose una rama en el pecho?
- ¡NO! ¡Mejor!
- Pues no habría estado mal... A ver, sorpréndeme, ¿Que ha pasado pues, mejor que tirar a esa zorra por un barranco?
- Es Alex...¡Me ha besado! - dijo casi a gritos, parecía emocionadísima.
- ¡No me lo puedo creer! - grito Mandy, y ambas empezaron a gritar como dos niñas a las que les han regalado una muñeca nueva.

Abby era su mejor amiga, se conocían desde la guardería, y siempre lo habían compartido todo. Desde las muñecas cuando eran pequeñas, la ropa y los secretos en aquel momento, a los 16. Abby también le había dado todos los detalles de su primer beso, unos meses atrás, con un chico con el que salía entonces. Se lo había contado tantas veces y con tantos detalles que para Mandy era como si hubiese sido su primer beso, pero no lo era. En realidad, Mandy nunca había besado a nadie, llevaba años esperando en mágico momento que tantas veces había visto en las películas. Pero la hora de su estreno no parecía llegar nunca, era cierto que ella nunca lo había buscado con demasiado empeño, pero tampoco ningún chico parecía interesarse nunca por ella. Eso era lo que más le dolía, no se consideraba ninguna belleza extraordinaria, pero tampoco era fea. Era alta y delgada, el pelo rubio, y unos ojos grandes, grises y profundos, rodeados por largas y oscuras pestañas.

- ¿ Mandy?¿Me estas escuchando? - Abby le miraba fijamente, con la frente arrugada, como  molesta por la falta de atención de su amiga.
- Eeeh...¡Si!¡Es genial, Abby! En serio, es solo que me he puesto a pensar y...bueno, parece que nunca va a llegar el día en que me toque a mi...- dijo Mandy con tristeza, y apoyo la cabeza en el hombro de su amiga.
- Baaah...no te preocupes por eso, lo que pasa es que te mereces algo mejor que esta panda de niñatos - sonrió y señalo al grupo que estaba frente a ellas, la mitad de ellos ofreciéndole botellas a algún árbol, mas borrachos que una cuba.
- ¿Se considera a Alex parte de esa panda de niñatos? - bromeó Mandy, en un intento por alegrar la conversación.
- Alex es la perfección en persona, que les guía para que no acaben realmente mal - tenia la mirada clavada en él, Mandy siempre había pensado que era guapo, su pelo rubio y sus ojos azules eran dignos de una revista de moda; pero en cuanto a personalidad... A Mandy no le gustaba, era el típico chico romántico que intentaba dejarte embobada con cada cosa que decía, y a Mandy eso no le iba nada. Pero a Abby la tenia completamente loca, llevaba colada por él desde los 14 años, y por fin había conseguido algo con el.

- Bueno, dime, ¿cómo ha sido? ¿Delante de todos?¿A solas?¿Te ha dicho algo, o simplemente se ha lanzado?¡Cuéntamelo TODO! - Mandy la agarro de un brazo, ansiosa.

Y así estuvieron toda la noche, sentadas junto a la hoguera, riendo, y pasándolo bien. Ambas sabían que ellas no necesitaban hogueras, acampadas, litros y montones de gente para pasarlo bien. Les bastaba con estar juntas, en cualquier lugar o situación; como había sido siempre.